Mi madre ha decidido invitar a comer todos los martes a sus hermanos en su casa.
El año pasado falleció mi abuelo por Navidad. Y, desde entonces, mi madre y sus hermanos seguían viéndose ocasionalmente. Hace unas semanas mi madre decidió que los martes les invitaría a comer a casa, y que viniera quien pudiese.
Mi madre es la tercera de ocho hermanos. Hija de padre militar, con cambios de destino cada dos por tres, y de mi abuela Pilar, dedicada a criar a sus ocho hijos, tarea que le ocupó todo su tiempo. Me imagino que la pobre pasó gran parte de su vida embarazada y/o criando, pobrecita mía. Eran otros tiempos, y los hijos los enviaba Dios sí o sí.
Una paradita solo para decir que echo mucho de menos a mi abuela. Aunque sigue viva en mis tías y en mi madre, que han salido a ella, completamente espitosas (que decimos por aquí) y locuelas como regaderas, de ingresar cuando están todas juntas …… Te echo mucho de menos!
Besos!
Bueno, como decía mi madre ha instituído la comida familiar de los martes. Con el fin de mantener siempre el contacto, y con un poco la obligación moral de ser la hermana mayor en Valencia, la que tiene a sus hijos ya criados y la que tiene más posibilidades económicas. Porque 8 hermanos dan para mucha variedad de niveles económicos y situaciones personales.
En la familia de mi abuela, los Gutierrez, los genes se expresan de forma distinta en hombres y en mujeres: mi madre, todas mis tías y sus primas son mujeres chispeantes: divertidas, con iniciativa (más o menos afortunadas, pero con iniciativa), cariñosas, sorprendentes, alegres, decididas, estrambóticas, anecdóticas y chiripitifláuticas……. espitosas, que decimos por aquí.
Los hombres, por el contrario, y esto es aplicable a los tres hermanos varones de mi madre, son unos absolutos sosainas, carentes de chispa, muuuuuuy buenos (o buenazos), muy tranquilos, con muy escasa iniciativa, dependientes,…… vamos, que sé que los estoy vendiendo peor que los anuncios de la baba de caracol, pero es que es así, son muy buenos pero muy tostoncillos.
El caso es que a estas comidas familiares generalmente solo vienen las tres hermanas de mi madre que viven en Valencia, y mi tío José no suele venir (por lo cual mi hermana y yo damos las gracias con fervor, puesto que es pesao pesao pesao).
Mi hermana y yo, como iba diciendo, nos sentamos a la mesa, dispuestos a disfrutar cada día la comida que se nos viene encima. Mi madre se sienta a la cabecera de la mesa, mi hermana y yo a cada lado y, a continuación, mis tías según van llegando de sus respectivos trabajos.
(Inciso: mi padre duerme en el sillón. No se sienta a la mesa, sobre todo los martes. Porque él, que se lleva genial con todos sus cuñados y cuñadas, siempre ha sido de esos que va por ahí diciendo que no soporta a su familia política, aunque luego lo pase bien con ellos. Y así, cuando veía a mi abuela le solía decir “¿Cómo estás, odiada suegra?”; y cuando ahora llegan mis tías, les saluda con un “¿Ya venís a limpiarme la despensa?”….. a lo cual mis tías responden con unos “Por supuesto, ¿para qué crees que venimos?”, o un “Sí, y espero que el jamón sea mejor que el de la última vez, que no estaba muy allá.”, o bien un “¿Dónde has escondido el vino bueno?”…….. y todos a reirnos.
Mi madre y sus hermanas son todas muy distintas. Tenemos a mi madre, la mujer práctica con las cosas muy claras, aficionada al tenis a muerte, conservadora, cerebral generalmente. A mi tía Begoña, la menos centrada, madre de gemelos a los más de cuarenta años y soltera, ingenua, muy poco práctica, estudiando oposiciones. Marta, la que creemos es la única afiliada a Greenpeace en Valencia que PAGA religiosamente las cuotas, le importa un pepino o, mejor dicho, un pepinillo la moda y los convencionalismos y no tiene ni papa de cocinar. Y luego está Ana, la más joven, la más a la moda, metida en líos de política, le encantan las relaciones sociales y ella, al igual que su marido y sus hijos, come un montón.
En primer lugar, en las comidas familiares de los martes, no se espera a nadie. Somos todos muy correctos y educados, no nos lanzamos sobre la comida…….. peeeeero el que no está atento, se queda sin comer!!! No hay un “Te paso la ensalada”, o un “¿Alguien quiere más carne?”. Sobre todo si estás sentado al lado de Ana, cuyo estómago no tiene fin. Así que, el que no se adpata, no come, fuera la tontería esa de no atreverse a coger la última aceituna o la última loncha,……en mi familia materna siempre hay alguien dispuesto a “adoptar” a la última mandarina!!!
Es curioso como a todas les pasa lo mismo: Ni mi madre ni mis tías aciertan nunca con el nombre de las personas. Así, por ejemplo, mi madre puede mirar a mi hermana y llamarle “Marta..Ana…Begoña……..PATRICIA!!!. Yo soy habitualmente FernadocarlosFRANCISO, y cosas así. Vuelan las combinaciones con nombres de ausentes y presentes, Martasbegoñas, Monicasanas, Pilaresvickis,……cualquier nombre excepto el propio es de esperar……. y así, muchísimas veces entre risas acabamos con la propuesta de llamarnos los unos a los otros con un genérico ”Oyetúaquienestoymirando”, que no sule causar error….
En las comidas de los martes, no hay turno de palabra. Ojo, no somos unos maleducados como cierto dirigente bolivariano. No nos interrumpimos los unos a los otros: lo que ocurre es que cada uno aporta su opinión en el momento que nota que debe hacerlo y le nace. Es por ello que hay que hacerse valer un poco. Pongamos un ejemplo de la última comida:
AnamartaBEGOÑA: “Ayer iba por la calle Colón y me encontré a ……”
PatriciamartaVIKI: “Pues no sería a las seis de la tarde, porque a esa hora había una manifestación por la calle Colón que menudo tráfico, oye, no hay derecho! Y siempre los mismos pidiendo que …..”
VikibegoñaANA: “Sí, yo me tuve que meter en la tienda nueva de bolsos que han abierto, bolsos monísimos a propósito super baratos……”
MartaanaPATRICIA: “Esa es la tienda donde trabaja Puri, que me cae fatal. ¿Habéis visto lo mal que le ha quedado la operación de nariz?”
VickybegoñaMARTA: “Es que esas operaciones siempre quedan mal.Además, esas narices que se ponen ahora a lo Lara Valenzuela…..”
…… al final te puedes quedar sin saber a quíen se encontró una, de qué era la manifestación, cómo eran los bolsos, lo arpía que puede ser Puri, o dónde encontrar un cirujano plástico que no te deje la nariz como a Lara Valenzuela.
Oirás hablar de como una de mis tías es espía en el trabajo. De cotilleos. De políticos. De televisión. Poner verde a familiares. De a qué huelen las nubes….. de lo que sea. A todo tema se le saca punta, todo da pie a reirte y a hablar.
Mi abuela Pilar tenía, dice mi madre, eczema en la piel del oído. Y muchas veces, cuando notaba picor, se metía un dedo en la oreja, ladeaba la cabeza, movía el dedo rápidamente hacia dentro y fuera del oído y empezaba a guturar un sonido, algo así como “jjjbjbjbbjboooooOOOOooooOOOOOooooOOOO”….
Mi abuela llamaba a Bogart “Umprei, umprei bogart”! XD
Yo, siempe que siento picor en el oído hago lo mismo. Y le saco la punta a todo lo que puedo. Y a Bogart le llamaré Umprei en la intimidad. Y me meto en las conversaciones familiares. Y me como la última aceituna si puedo, y cojo el último poquito de ensalada si llego,…… sólo dejo las alcachofas!
Y sé, estoy convencido, de que aunque no soy mujer los genes Gutierrez sí que los tengo! Ea!


